★ Tartaletas de fresas ★

Mini tarta de fresas 2

Me estoy volviendo una mafiosa, una mamma siciliana en toda regla. Me acuerdo que cuando esperaba el primero podía pasarme las horas muertas de medio Sálvame sobando la panza imaginando la educación que le daría al miniyo. Yo, que he sido siempre un poco florecilla silvestre, pensaba que lo mejor era hablar, explicar, dialogar y ser pedagogo con el pequeñajo, por muy churumbel que éste fuera.

He de decir que el método de las buenas palabras funciona. Al principio. El primer año, vamos. A partir del segundo, el churumbel aprende que no veas y te las pilla al vuelo. No sabes cómo, pero en un microsegundo tu bebé, ese ser mofletudo que te hacía caer la baba con cada gorgorito, ha desaparecido. A cambio, ahora tienes un enano de casi tres años opositando a hijo insolente, maquiavélico y pegón. Una sarta de desplantes, patadas y NOes. Una perla, vaya.

Lo peor de todo, con todo, es cuando pega. Te pega a ti, a su padre, a su hermano y a cualquier primo de vecino que se le ponga por delante. Y le explicas, con infiniiiiiiita paciencia y buenos modos, que no, no y no, que pegar está requetefeo.

Fao, reptite él, convencido del todo.

Y tú te hinchas pensando en lo fácil que ha sido aquello y en que eso de la educación esta chupao. ¡Ja! En cuanto te das media vuelta y te vas a la tarea marujil del día, pongamos por ejemplo, sacar a luz los baberos, ¡Zas! ya te ha levantado la mano otra vez. Y otra. Y otra.

Así que pasas de rollos y frases pedagógicas, lo pillas en banda y pasas directamente al chantaje exagerado y emocional.

– Si no te terminas la comida te quedas sin Kinder, sin gusanitos, sin Aspitos, ni Chupachups ni piruletas ni nada de nada que se le parezca. Nunca. Jamás. 

– Como no te laves la cara, no vamos a los columpios; No, no puedes salir de casa con el morro sucio. 

– Sigue saltando en el sofá, y te encierro en tu habitación; A la de una, a la de dos…

– Tú vuelve a pegarme y llamo al Señor Patata.

Soy fan del señor Patata. En mi casa este personaje inventado es como el coco pero mucho más feo y malo, claro. Y oye, seré chantajista y malamadre, pero es mentarlo y el niño se te vuelve un santo… De momento.

Mini tarta de fresas 7

Mini tarta de fresas 4

★ LA RECETA ★

(para 6 mini tartas individuales)

Para la masa quebrada:

175 g de harina
75 g de mantequilla
1 huevo
50 g de azúcar
1 cucharadita de sal

Para la crema pastelera:

250 ml de leche
1 rama de vainilla
50 g de azúcar
3 yemas de huevo
20 gr de maizena o harina de trigo

Para decorar:

Fresas
Azúcar de vainilla

Empezamos por la masa quebrada. Ponemos en un bol la harina tamizada, la mantequilla fría y cortada en dados pequeños, el huevo, el azúcar y la sal y amasamos. Cuando la masa nos quede como unas migas, la juntamos formando una bola y metemos en la nevera envuelta en un film durante 1 hora.

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Hacemos la crema pastelera y reservamos.

Sacamos la masa de la nevera y la estiramos. Al tratarse de una masa quebrada lo normal es que se rompa con facilidad al usar el rodillo. Para mi ha sido mucho más fácil extenderla con los dedos en las bases de los moldes. Pinchamos con un tenedor ligeramente la base.

Repartimos de forma uniforme la crema pastelera.

Metemos en el horno 25 minutos a 180°.

Dejamos enfriar y colocamos las fresas. Espolvoreamos con  azúcar de vainilla.

 

★ Pastel vasco ★

Una de las cosas que más me gustan de este País Vasco francés en el que vivo es su cultura, sus tradiciones, sus paisajes, su gastronomía… y sobre todo, el mimo y el cuidado que tienen por que todo ello se transmita de generación en generación y se reconozca y respete por los foráneos.

Esta tierra es francesa, sí, pero es sobre todo tierra de gente acogedora, de gente buena. De gente vasca. Como si la frontera de los Pirineos no existiera.

Si alguien tiene la buena idea de pasarse por aquí, que no deje de visitar sus pueblos, hablar con sus gentes, deleitarse con su folclore y probar su comida.

Bon appétit!

★ LA RECETA ★

– Para la masa

125 gr de mantequilla
100 gr de azúcar
5 gr de sal
1 huevo
250 gr de harina
1 sobre de levadura

– Para la crema pastelera

250 ml de leche
1 vaina de vainilla
3 yemas de huevo
50 gr de azúcar
20 gr de harina
70 gr de almendras molidas
1 cucharilla de ron (opcional)

– Para pincelar (antes del horneado)

1 yema de huevo
1 cucharada de leche

Empezamos preparando la masa. En un bol ( o en el robot de cocina) vertimos la harina, la levadura y el huevo. Mezclamos bien. Añadimos el azúcar, la sal y vamos incorporando la mantequilla poco a poco. Amasamos hasta que hacemos una bola. Cubrimos con papel transparente y reservamos en la nevera al menos 2 horas (si es de un día para otro mucho mejor)

Para la crema pastelera, ponemos a hervir en un cazo la leche con  2/3 del azúcar y los granos de la vaina de vainilla. Añadimos la cucharilla de ron.

Aparte, en una ensaladera, batimos las yemas de huevo con el resto del azúcar y añadimos la harina. Mezclamos bien y vamos incorporando la leche, removiendo la mezcla todo el rato. Vertemos en el cazo, incorporamos las almendras  y removemos a fuego lento hasta que espese. Volcamos en otro cuenco y cubrimo de film transparante para que no se forme ninguna costra.

Sacamos la masa de la nevera y la dividimos en dos bolas (2/3 y 1/3). Extendemos la primera bola con el rodillo (la que nos servirá de base para el pastel). Tendremos que añadir algo de harina para poder trabajarla correctamente. Cuando tenga unos centímetros de espesor, la colocamos en el molde (embadurnado de mantequilla y harina para que no se nos pegue) y subimos un poco los bordes. Ponemos encima la crema pastelera y cubrimos con el resto de la masa. Unimos bien los bordes con un tenedor y decoramos con la punta de un cuchillo.

Hornear a 190 ° durante 20 minutos.